dissabte, 27 d’agost del 2016

La persona más feliz del universo

Levantarte a las cuatro de la mañana y darte cuenta de que está ahí, a tu lado y que nada ha sido un sueño. Te rodea con sus brazos y tu te abrazas a ella, apoyando la cabeza en su hombro y escondiéndote en su cuello.

"Duerme como un ángel", piensas.

Tantas y tantas noches a solas imaginándote como sería dormir la una en los brazos de la otra, y ahora te tienta pellizcarte por si realmente es otro sueño. Pero no, porque la despertarías y no quieres eso. Así que te limitas a abrazarla más si puedes, acurrucarte con su aroma y cerrar los ojos con una sonrisa. Porque sabes que mañana, al despertar, lo primero que vas a ver será su rostro. Calmado, dormido, precioso. Y en ese mismo instante te vas a sentir la persona más feliz de todo el universo, al lado de esa mujer que llego a ti de la manera que menos esperaba y ha calado más hondo de lo que ha hecho ni hará nadie jamás.

Y tal y como pensaste, esta mañana al desertar lo has sentido, esa sensación de plenitud. En cuanto ella ha abierto los ojos y te ha sonreído con sus "Buenos días, mi vida" acompañados de un abrazo, lo has sentido.

Has sonreído, la has abrazado, besado y acariciado hasta que te has dado cuenta de que no te importaría, para nada, despertarte cada día con ella.

diumenge, 21 d’agost del 2016

Meu vida

Se sentó en un banco que encontró justo delante del panel de Llegadas de la estación, miró el reloj en su muñeca izquierda que marcaba las diez y veinte de la mañana. Diez minutos, pensó.

Se pasaba la mano por el pelo y movía la pierna nerviosamente, se miraba de arriba abajo, comprovando cada dos por tres que le gustaba lo que llevaba puesto, y no aguantaba la mirada fija en ningún sitio por más de treinta segundos.

Volvió a mirar el panel y vió el nombre de Madrid el primero de la lista. Empezó a salir gente de una de las puertas y se levantó del banco, mirando entre la gente, buscándola. Hasta que la vió.

Con su melena castaña suelta, sus ojitos cansados de haber madrugado y su sonrisa, esa que tantas veces la había estremecido. Iba andando, buscándola igual que ella, hasta que se encontraron con la mirada. Y todo se paró. La gente a su alrededor desapareció, dejandolas a ellas dos en la estación. Empezaron a andar, incluso correr, hacia la otra.

Y al abrazarse...Cuantas veces había soñado despierta cono ese momento. La abrazó por la cintura y la levantó dando un par de vueltas por la inercia. Agarrándola bien fuerte, para que nunca se fuera de su lado. Cuando la dejó en el suelo se miraron a los ojos, juntaron sus frentes y sonrieron. Por fin.

La cogió de las caderas y la besó...Demasiadas veces había soñado despierta con ese momento. Ese en que sus labios se rozaban, se acariciaban, se amaban. Ese en que juraba que nunca la iba a dejar escapar. Ese que gritaba te quiero por todos sus poros. Ese en que prometía hacerla feliz cada día y estar a su lado.

Se separó unos centímetros sonriendo, igual que ella y volvieron a juntar sus frentes. No se lo creían, pensaban que en cualquier momento iban a despertar y volverían a sus respectibas camas para darse cuenta que había sido otro de sus sueños.

Pero al abrir los ojos y verse la una delante de la otra se dieron cuenta de que no. Que esto era real e iba para largo.

-Te quiero, mi amor.- le dijo en su oreja al volver a abrazarla.

-T'estimo, amor meu.- le contestó ella.