diumenge, 8 de gener del 2017

Todo lo bueno

Salgo de trabajar y el frío de la calle me da de lleno en la cara, a finales de noviembre ya se nota el cambio de temperatura. Son las seis y media y al llegar al coche suspiro cansada, alcanzo el móvil y le envío un mensaje diciéndole que llegaría, según el tráfico que veo en la calle, en una media hora.

Siempre me ha gustado conducir, es algo que me relaja, me da ese momento para mi que a veces es necesario. Y después de un largo y tedioso día de trabajo, más aún. Solo pienso en llegar a casa, sonrió. Cómo ha cambiado todo con el tiempo, ahora encuentro la certeza en esa frase que dice que todo lo bueno se hace esperar.

Aparco y cierro el coche, me abrocho el abrigo negro, me enrollo la bufanda en el cuello y saco las llaves. Al llegar a la puerta de la urbanización saludo al conserje que, desde su silla me sonríe cansado. Con la cabeza baja pienso en el buen momento en el que me compré estas botas de tacón, son lo más cómodo que existe; junto con el traje que llevo para trabajar. Al tener las manos frías me cuesta abrir la puerta del edificio, y sonrío pensando en como ella ahora mismo se burlaría de mi por tener ese "trauma con las llaves", como lo llama.

Mientras espero el ascensor me miro en el enorme espejo que está a mi derecha. Los años pasan para todo el mundo. Me desabrocho el abrigo y suelto un poco la bufanda una vez dentro del ascensor. Suspiro cansada, solo quiero dormir y descansar.

Solo se oyen mis tacones en el pasillo, ni un ruido. A unos pasos de mi puerta me paro y suelto una carcajada, no puede ser, otro año seguido. Miro el móvil y veo la fecha de hoy, lunes 21 de noviembre. Aún faltan 34 días para Navidad y mi vecino, como cada año desde que vivimos aquí, ya tiene adornos de navidad colgados en la puerta. Sonrío negando con la cabeza y cerrando la distancia hasta mi puerta.

Por fin, pienso mientras giro la llave. Al abrir la puerta no puedo evitar sonreír con ternura al ver a una de mis razones de ser: una pequeña morena desnuda que, corriendo hacia mi con la coordinación de los primeros pasos, grita mami repetidamente y a carcajadas. Y detrás de la pequeña está ella, mi otra razón de ser. Con unos tejanos, zapatillas de ir por casa, su coleta que nunca falta y una toalla en el hombro; intenta atrapar a la niña que ya se ha enganchado a mi pierna.

Me río por la escena con la que me reciben. Cuelgo toda la ropa que me sobra una vez ya dentro de casa y alzo a mi princesita en brazos. Sus ojos claros me miran fijamente y se abraza a mi cuello con un: hola mami. Entonces miro a mi reina, quien se ha parado en medio del pasillo observandonos. Con su sonrisa que aún me llena después de todo estos años, de acerca a nosotras, me pasa un brazo por la cintura y, alzándose un poco de puntillas me da un beso acompañado de un: hola cariño. Entonces nuestra pequeña nos mira y habla a tropezones por sus 3 años y medio de edad. "Mami no quiero bañarme, quiero jugar."

"Pero si no te bañas serás una princesa sucia. Y usted no quiere ser una princesa sucia, ¿verdad princesa Regina?" Le digo negando con la cabeza y mirándola fijamente, oyendo a mi derecha una pequeña carcajada.

"¡NOOO!" Alargando los brazos hasta mi reina, obligándome a pasársela, vuelve a hablar. "Vamos a bañarnos mamá," entonces gira su pequeña cabecita, mirándome. "¿podemos jugar en la bañera?"

"¡Claro que si princesa!" la cojo en brazos y la alzo. "Vamos a ir en avión, ¿preparada? Nuestra Reina, ¿sube al avión?"

Y veo a mi reina sonreír y posicionándose delante de nosotras con los brazo abiertos, simulando las alas. "¿Tripulación preparada?"

"SIIIII"

Sacudo a mi princesita en el aire y empezamos a correr las tres hacia el baño. Reímos a más no poder, sintiéndonos de lo más felices. Y ya una vez de rodillas delante de la bañera medio llena, al lado de mi preciosa reina viéndola lanzar agua a mi pequeña princesa, sonrío dándome cuenta de que es verdad: todo lo bueno se hace esperar.