dijous, 6 d’abril del 2017

Serías Yo

Siempre me habían dicho que el amor no es más que una tontería. Que en realidad no existe ese alguien que te llena, que tampoco existe esa persona que con una sola mirada hace temblar tu mundo, ni existe esa persona que puede hacerte olvidar todo lo malo al escuchar su más pura y hermosa risa. Y la verdad, siento pena por ese tipo de pensamiento; no se imaginan lo erróneos que están.

Porqué cuando aparece, Dios...cuando aprece. Las mariposas que despierta en tu barriga con solo sonreír, el cosquilleo que te recorre al mirarla a los ojos a centímetros de ti. Te hace sentir la persona con más suerte del mundo al cogerla de la mano. La que va a aprovechar cada segundo a tu lado, quien preferirá acurrucarse encima de ti a las dos de la mañana viendo La Sirenita y te hará cantar canciones sin sentido en el metro, la calle, el portal de su casa...Esa persona que cada vez que te rodea con sus brazos hace que quieras quedarte para siempre y no soltarla nunca y pensar: 'Bueno, ya encontraremos la manera de ir al baño o vestirnos.' Es esa persona a quien no le importará cantar y bailar delante de ti mientras haces la cena; la cual luego se te quemará. Pero ella va a abrir el horno entre broma y gritando: ¡SOCORRAMOS AL PAN, SOCORRAMOS AL PAN!', y una vez en la mesa se lo comerá con una sonrisa y te va a decir que todo está delicioso. Y tu la vas a mirar todo el rato como si fuera tu reina, con esos ojos con los que intentarás transmitirle todo lo que te hace sentir.

Y detrás de todo lo bueno viene todo lo malo. Al fin y al cabo no deja de ser una persona normal y corriente, como yo. Tiene sus sentimientos y sus mal estares, sus inseguridades y sus bajones; pero sabes que en el fondo, aunque tu vayas a ser el receptor de todo eso, la vas a seguir amando siempe. Vas a seguir siendo su punto de apoyo, aun que no se permita ser débil, vas a hacerle saber que estás y vas a estar en el momento en que te necesite. Por que sabes que al final, cuando se le pase y esté bien va a bastar un solo 'bebé' o 'cariño' o 'cielo', para eclipsar y sacar de la cabeza todo lo malo.

Harás lo posible para que no quiera irse nunca de tu lado. Vas a querer conquistarla día tras día para que vea cuanto la amas. Repetiras cada mañana en tu cabeza, cuando recién se levante en tu pecho, lo preciosa que llega a estar a esas horas y en esa situación; para luego darle los buenos días acompañados de su beso favorito: ese en el hueco entre el puente de la nariz y el ojo. Te hará hacer y sentir cosas que nunca pensaste que llegarías a hacer o sentir por alguien. Te tiraras al vacío con ella si hace falta.

Así qué, os juro que esa persona si existe y yo la he encontrado

diumenge, 8 de gener del 2017

Todo lo bueno

Salgo de trabajar y el frío de la calle me da de lleno en la cara, a finales de noviembre ya se nota el cambio de temperatura. Son las seis y media y al llegar al coche suspiro cansada, alcanzo el móvil y le envío un mensaje diciéndole que llegaría, según el tráfico que veo en la calle, en una media hora.

Siempre me ha gustado conducir, es algo que me relaja, me da ese momento para mi que a veces es necesario. Y después de un largo y tedioso día de trabajo, más aún. Solo pienso en llegar a casa, sonrió. Cómo ha cambiado todo con el tiempo, ahora encuentro la certeza en esa frase que dice que todo lo bueno se hace esperar.

Aparco y cierro el coche, me abrocho el abrigo negro, me enrollo la bufanda en el cuello y saco las llaves. Al llegar a la puerta de la urbanización saludo al conserje que, desde su silla me sonríe cansado. Con la cabeza baja pienso en el buen momento en el que me compré estas botas de tacón, son lo más cómodo que existe; junto con el traje que llevo para trabajar. Al tener las manos frías me cuesta abrir la puerta del edificio, y sonrío pensando en como ella ahora mismo se burlaría de mi por tener ese "trauma con las llaves", como lo llama.

Mientras espero el ascensor me miro en el enorme espejo que está a mi derecha. Los años pasan para todo el mundo. Me desabrocho el abrigo y suelto un poco la bufanda una vez dentro del ascensor. Suspiro cansada, solo quiero dormir y descansar.

Solo se oyen mis tacones en el pasillo, ni un ruido. A unos pasos de mi puerta me paro y suelto una carcajada, no puede ser, otro año seguido. Miro el móvil y veo la fecha de hoy, lunes 21 de noviembre. Aún faltan 34 días para Navidad y mi vecino, como cada año desde que vivimos aquí, ya tiene adornos de navidad colgados en la puerta. Sonrío negando con la cabeza y cerrando la distancia hasta mi puerta.

Por fin, pienso mientras giro la llave. Al abrir la puerta no puedo evitar sonreír con ternura al ver a una de mis razones de ser: una pequeña morena desnuda que, corriendo hacia mi con la coordinación de los primeros pasos, grita mami repetidamente y a carcajadas. Y detrás de la pequeña está ella, mi otra razón de ser. Con unos tejanos, zapatillas de ir por casa, su coleta que nunca falta y una toalla en el hombro; intenta atrapar a la niña que ya se ha enganchado a mi pierna.

Me río por la escena con la que me reciben. Cuelgo toda la ropa que me sobra una vez ya dentro de casa y alzo a mi princesita en brazos. Sus ojos claros me miran fijamente y se abraza a mi cuello con un: hola mami. Entonces miro a mi reina, quien se ha parado en medio del pasillo observandonos. Con su sonrisa que aún me llena después de todo estos años, de acerca a nosotras, me pasa un brazo por la cintura y, alzándose un poco de puntillas me da un beso acompañado de un: hola cariño. Entonces nuestra pequeña nos mira y habla a tropezones por sus 3 años y medio de edad. "Mami no quiero bañarme, quiero jugar."

"Pero si no te bañas serás una princesa sucia. Y usted no quiere ser una princesa sucia, ¿verdad princesa Regina?" Le digo negando con la cabeza y mirándola fijamente, oyendo a mi derecha una pequeña carcajada.

"¡NOOO!" Alargando los brazos hasta mi reina, obligándome a pasársela, vuelve a hablar. "Vamos a bañarnos mamá," entonces gira su pequeña cabecita, mirándome. "¿podemos jugar en la bañera?"

"¡Claro que si princesa!" la cojo en brazos y la alzo. "Vamos a ir en avión, ¿preparada? Nuestra Reina, ¿sube al avión?"

Y veo a mi reina sonreír y posicionándose delante de nosotras con los brazo abiertos, simulando las alas. "¿Tripulación preparada?"

"SIIIII"

Sacudo a mi princesita en el aire y empezamos a correr las tres hacia el baño. Reímos a más no poder, sintiéndonos de lo más felices. Y ya una vez de rodillas delante de la bañera medio llena, al lado de mi preciosa reina viéndola lanzar agua a mi pequeña princesa, sonrío dándome cuenta de que es verdad: todo lo bueno se hace esperar.

dilluns, 3 d’octubre del 2016

Nada más que eso.

Hace más de una hora que está despierta. Mirando a la habitación, al techo, a la ventana; mirandola a ella dormir sobre su hombro, abrazándola por la cintura. Con la boca entre abierta, de vez en cuando suelta unos ronquidos provocandole una pequeña risa que disimula para no despertarla. Sonríe con ternura, casi sin creerse su suerte.

Con cuidado intenta sacar el brazo de debajo de su cuello para levantarse. La deja abrazada a un cojín, enredada entre mantas y el edredón, mientras que ella se pone el pijama. Sin hacer mucho ruido y de puntillas, sale de la habitacion con dirección a la cocina.

Nunca es que haya sido una cocinitas. A su lado siemore se encontró la Thermomix y su mejor libro de recetas fue 100 recetas con microondas. Así que si podía, se evitaba un mal trago entre fogones que acabaría con la maraña de largos cabellos castaños que se encontraba ahora mismo en la cama, levantandose de mal humor. Y justamente hoy, intentaba todo lo contrario.

Media hora después, alguna que otra quemadura y alguna que otra tostada quemada, fue capaz de elaborar un desayuno como dios manda para dos personas: con sus huevos revueltos, su bacon, sus piezas de fruta, sus tostadas, sus cafes o tés, sus zumos... Todo perfecto, pensó con ambas manos en jara sobre su cintura mientras miraba su obra de arte, tal y como la había bautizado.

Cogió la bandeja dirigiéndose a la habitación donde ella seguía con la misma posición cn la cual la había dejado. Puso el desayuno en una de las mesitas de noche y con cuidado corrió las cortinas para que entrase luz, provocando por primera vez un movimiento del bulto que tenía en la cama.

Se sentó a sus pies acariciándole el brazo suavemente para que despertase, consiguiendo al cabo de unos minutos que se irguiera, aún con los ojos cerrados y el pelo despeinado tapándole gran parte de la cara.

"Buenos días, cielo. Te he traido el desayuno a la cama." Cogió la bandeja de una de las mesitas, colocándola a un lado de la cama.

Ella sonrió a la vez que se retiraba el pelo del rostro y se frotaba los ojos con pereza. La miró a los ojos, luego al desayuno y luego otra vez a los ojos, haciendo que su sonrisa augmentara por segundos. Se inclino hacia delante, poniendose de rodillas sobre la cama para tener más mobilidad y juntaron sus labios en un beso suave y tierno. "Buenos días, mi amor." Susurró aún pegada a su boca.

Volvió a sentarse bien para volver a comer. No podía dejar de mirarla, ahí a escasos metros de ella, se encontraba el motivo de su sonrisa cada mañana, la razon por la que soñaba cada noche y todo lo que necesitaba en esta vida.

Aunque ese todo ahora mismo fuese una mujer bellisima con la boca llena de bacon y huevos que esta intentando pinchar un trozo de platano y manzana a la vez y sujetaba un café en la otra mano.

Nada más, no necesitaba nada más que eso.

diumenge, 18 de setembre del 2016

Y ahí están, los fuegos artificiales.

Estais paseando por la calle, de noche, empieza a hacer frío y por eso las dos os habeis puesto vuestras respectivas sudaderas.

Os mirais, sonreís y en ese momento no falta nada.

Te aprieta la mano para que no olvides que está ahí, andando tranquilamente a tu lado. Y sin venir a cuento, porque si y porque te apetece, paras. Te pones delante de ella y la besas.

Es un beso suave, de los que dicen muchísimo con un solo roce. De los que siempre se recuerdan. De los que marcan.

Te separas de ella y la admiras, con sus ojos cerrados y sus labios entreabiertos, antes de juntar vuestras frentes. Lo teneis todo y aún así quereis más. Lo quereis todo de la otra.

Quereis lo bueno, lo malo, las tonterías, los llantos, los enfados, las confianzas, las borderías, todo. En el sentido literal de la palabra.

Tus manos buscan las suyas para entrelazarlas y separarte para mirarla a los ojos. Esos en lo que te pierdes y te perderás cada día. En los que te hablan cuando sus labios no lo hacen. En los que ves fuegos artificiales cada vez que os encontrais.

La miras a los ojos, aprietas sus manos, coges aire para hablar pero ella se te adelanta.

"Yo también te quiero."

Y ahí están, los fuegos artificiales.

dissabte, 27 d’agost del 2016

La persona más feliz del universo

Levantarte a las cuatro de la mañana y darte cuenta de que está ahí, a tu lado y que nada ha sido un sueño. Te rodea con sus brazos y tu te abrazas a ella, apoyando la cabeza en su hombro y escondiéndote en su cuello.

"Duerme como un ángel", piensas.

Tantas y tantas noches a solas imaginándote como sería dormir la una en los brazos de la otra, y ahora te tienta pellizcarte por si realmente es otro sueño. Pero no, porque la despertarías y no quieres eso. Así que te limitas a abrazarla más si puedes, acurrucarte con su aroma y cerrar los ojos con una sonrisa. Porque sabes que mañana, al despertar, lo primero que vas a ver será su rostro. Calmado, dormido, precioso. Y en ese mismo instante te vas a sentir la persona más feliz de todo el universo, al lado de esa mujer que llego a ti de la manera que menos esperaba y ha calado más hondo de lo que ha hecho ni hará nadie jamás.

Y tal y como pensaste, esta mañana al desertar lo has sentido, esa sensación de plenitud. En cuanto ella ha abierto los ojos y te ha sonreído con sus "Buenos días, mi vida" acompañados de un abrazo, lo has sentido.

Has sonreído, la has abrazado, besado y acariciado hasta que te has dado cuenta de que no te importaría, para nada, despertarte cada día con ella.

diumenge, 21 d’agost del 2016

Meu vida

Se sentó en un banco que encontró justo delante del panel de Llegadas de la estación, miró el reloj en su muñeca izquierda que marcaba las diez y veinte de la mañana. Diez minutos, pensó.

Se pasaba la mano por el pelo y movía la pierna nerviosamente, se miraba de arriba abajo, comprovando cada dos por tres que le gustaba lo que llevaba puesto, y no aguantaba la mirada fija en ningún sitio por más de treinta segundos.

Volvió a mirar el panel y vió el nombre de Madrid el primero de la lista. Empezó a salir gente de una de las puertas y se levantó del banco, mirando entre la gente, buscándola. Hasta que la vió.

Con su melena castaña suelta, sus ojitos cansados de haber madrugado y su sonrisa, esa que tantas veces la había estremecido. Iba andando, buscándola igual que ella, hasta que se encontraron con la mirada. Y todo se paró. La gente a su alrededor desapareció, dejandolas a ellas dos en la estación. Empezaron a andar, incluso correr, hacia la otra.

Y al abrazarse...Cuantas veces había soñado despierta cono ese momento. La abrazó por la cintura y la levantó dando un par de vueltas por la inercia. Agarrándola bien fuerte, para que nunca se fuera de su lado. Cuando la dejó en el suelo se miraron a los ojos, juntaron sus frentes y sonrieron. Por fin.

La cogió de las caderas y la besó...Demasiadas veces había soñado despierta con ese momento. Ese en que sus labios se rozaban, se acariciaban, se amaban. Ese en que juraba que nunca la iba a dejar escapar. Ese que gritaba te quiero por todos sus poros. Ese en que prometía hacerla feliz cada día y estar a su lado.

Se separó unos centímetros sonriendo, igual que ella y volvieron a juntar sus frentes. No se lo creían, pensaban que en cualquier momento iban a despertar y volverían a sus respectibas camas para darse cuenta que había sido otro de sus sueños.

Pero al abrir los ojos y verse la una delante de la otra se dieron cuenta de que no. Que esto era real e iba para largo.

-Te quiero, mi amor.- le dijo en su oreja al volver a abrazarla.

-T'estimo, amor meu.- le contestó ella.