Hace más de una hora que está despierta. Mirando a la habitación, al techo, a la ventana; mirandola a ella dormir sobre su hombro, abrazándola por la cintura. Con la boca entre abierta, de vez en cuando suelta unos ronquidos provocandole una pequeña risa que disimula para no despertarla. Sonríe con ternura, casi sin creerse su suerte.
Con cuidado intenta sacar el brazo de debajo de su cuello para levantarse. La deja abrazada a un cojín, enredada entre mantas y el edredón, mientras que ella se pone el pijama. Sin hacer mucho ruido y de puntillas, sale de la habitacion con dirección a la cocina.
Nunca es que haya sido una cocinitas. A su lado siemore se encontró la Thermomix y su mejor libro de recetas fue 100 recetas con microondas. Así que si podía, se evitaba un mal trago entre fogones que acabaría con la maraña de largos cabellos castaños que se encontraba ahora mismo en la cama, levantandose de mal humor. Y justamente hoy, intentaba todo lo contrario.
Media hora después, alguna que otra quemadura y alguna que otra tostada quemada, fue capaz de elaborar un desayuno como dios manda para dos personas: con sus huevos revueltos, su bacon, sus piezas de fruta, sus tostadas, sus cafes o tés, sus zumos... Todo perfecto, pensó con ambas manos en jara sobre su cintura mientras miraba su obra de arte, tal y como la había bautizado.
Cogió la bandeja dirigiéndose a la habitación donde ella seguía con la misma posición cn la cual la había dejado. Puso el desayuno en una de las mesitas de noche y con cuidado corrió las cortinas para que entrase luz, provocando por primera vez un movimiento del bulto que tenía en la cama.
Se sentó a sus pies acariciándole el brazo suavemente para que despertase, consiguiendo al cabo de unos minutos que se irguiera, aún con los ojos cerrados y el pelo despeinado tapándole gran parte de la cara.
"Buenos días, cielo. Te he traido el desayuno a la cama." Cogió la bandeja de una de las mesitas, colocándola a un lado de la cama.
Ella sonrió a la vez que se retiraba el pelo del rostro y se frotaba los ojos con pereza. La miró a los ojos, luego al desayuno y luego otra vez a los ojos, haciendo que su sonrisa augmentara por segundos. Se inclino hacia delante, poniendose de rodillas sobre la cama para tener más mobilidad y juntaron sus labios en un beso suave y tierno. "Buenos días, mi amor." Susurró aún pegada a su boca.
Volvió a sentarse bien para volver a comer. No podía dejar de mirarla, ahí a escasos metros de ella, se encontraba el motivo de su sonrisa cada mañana, la razon por la que soñaba cada noche y todo lo que necesitaba en esta vida.
Aunque ese todo ahora mismo fuese una mujer bellisima con la boca llena de bacon y huevos que esta intentando pinchar un trozo de platano y manzana a la vez y sujetaba un café en la otra mano.
Nada más, no necesitaba nada más que eso.
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