dilluns, 3 d’octubre del 2016

Nada más que eso.

Hace más de una hora que está despierta. Mirando a la habitación, al techo, a la ventana; mirandola a ella dormir sobre su hombro, abrazándola por la cintura. Con la boca entre abierta, de vez en cuando suelta unos ronquidos provocandole una pequeña risa que disimula para no despertarla. Sonríe con ternura, casi sin creerse su suerte.

Con cuidado intenta sacar el brazo de debajo de su cuello para levantarse. La deja abrazada a un cojín, enredada entre mantas y el edredón, mientras que ella se pone el pijama. Sin hacer mucho ruido y de puntillas, sale de la habitacion con dirección a la cocina.

Nunca es que haya sido una cocinitas. A su lado siemore se encontró la Thermomix y su mejor libro de recetas fue 100 recetas con microondas. Así que si podía, se evitaba un mal trago entre fogones que acabaría con la maraña de largos cabellos castaños que se encontraba ahora mismo en la cama, levantandose de mal humor. Y justamente hoy, intentaba todo lo contrario.

Media hora después, alguna que otra quemadura y alguna que otra tostada quemada, fue capaz de elaborar un desayuno como dios manda para dos personas: con sus huevos revueltos, su bacon, sus piezas de fruta, sus tostadas, sus cafes o tés, sus zumos... Todo perfecto, pensó con ambas manos en jara sobre su cintura mientras miraba su obra de arte, tal y como la había bautizado.

Cogió la bandeja dirigiéndose a la habitación donde ella seguía con la misma posición cn la cual la había dejado. Puso el desayuno en una de las mesitas de noche y con cuidado corrió las cortinas para que entrase luz, provocando por primera vez un movimiento del bulto que tenía en la cama.

Se sentó a sus pies acariciándole el brazo suavemente para que despertase, consiguiendo al cabo de unos minutos que se irguiera, aún con los ojos cerrados y el pelo despeinado tapándole gran parte de la cara.

"Buenos días, cielo. Te he traido el desayuno a la cama." Cogió la bandeja de una de las mesitas, colocándola a un lado de la cama.

Ella sonrió a la vez que se retiraba el pelo del rostro y se frotaba los ojos con pereza. La miró a los ojos, luego al desayuno y luego otra vez a los ojos, haciendo que su sonrisa augmentara por segundos. Se inclino hacia delante, poniendose de rodillas sobre la cama para tener más mobilidad y juntaron sus labios en un beso suave y tierno. "Buenos días, mi amor." Susurró aún pegada a su boca.

Volvió a sentarse bien para volver a comer. No podía dejar de mirarla, ahí a escasos metros de ella, se encontraba el motivo de su sonrisa cada mañana, la razon por la que soñaba cada noche y todo lo que necesitaba en esta vida.

Aunque ese todo ahora mismo fuese una mujer bellisima con la boca llena de bacon y huevos que esta intentando pinchar un trozo de platano y manzana a la vez y sujetaba un café en la otra mano.

Nada más, no necesitaba nada más que eso.

diumenge, 18 de setembre del 2016

Y ahí están, los fuegos artificiales.

Estais paseando por la calle, de noche, empieza a hacer frío y por eso las dos os habeis puesto vuestras respectivas sudaderas.

Os mirais, sonreís y en ese momento no falta nada.

Te aprieta la mano para que no olvides que está ahí, andando tranquilamente a tu lado. Y sin venir a cuento, porque si y porque te apetece, paras. Te pones delante de ella y la besas.

Es un beso suave, de los que dicen muchísimo con un solo roce. De los que siempre se recuerdan. De los que marcan.

Te separas de ella y la admiras, con sus ojos cerrados y sus labios entreabiertos, antes de juntar vuestras frentes. Lo teneis todo y aún así quereis más. Lo quereis todo de la otra.

Quereis lo bueno, lo malo, las tonterías, los llantos, los enfados, las confianzas, las borderías, todo. En el sentido literal de la palabra.

Tus manos buscan las suyas para entrelazarlas y separarte para mirarla a los ojos. Esos en lo que te pierdes y te perderás cada día. En los que te hablan cuando sus labios no lo hacen. En los que ves fuegos artificiales cada vez que os encontrais.

La miras a los ojos, aprietas sus manos, coges aire para hablar pero ella se te adelanta.

"Yo también te quiero."

Y ahí están, los fuegos artificiales.

dissabte, 27 d’agost del 2016

La persona más feliz del universo

Levantarte a las cuatro de la mañana y darte cuenta de que está ahí, a tu lado y que nada ha sido un sueño. Te rodea con sus brazos y tu te abrazas a ella, apoyando la cabeza en su hombro y escondiéndote en su cuello.

"Duerme como un ángel", piensas.

Tantas y tantas noches a solas imaginándote como sería dormir la una en los brazos de la otra, y ahora te tienta pellizcarte por si realmente es otro sueño. Pero no, porque la despertarías y no quieres eso. Así que te limitas a abrazarla más si puedes, acurrucarte con su aroma y cerrar los ojos con una sonrisa. Porque sabes que mañana, al despertar, lo primero que vas a ver será su rostro. Calmado, dormido, precioso. Y en ese mismo instante te vas a sentir la persona más feliz de todo el universo, al lado de esa mujer que llego a ti de la manera que menos esperaba y ha calado más hondo de lo que ha hecho ni hará nadie jamás.

Y tal y como pensaste, esta mañana al desertar lo has sentido, esa sensación de plenitud. En cuanto ella ha abierto los ojos y te ha sonreído con sus "Buenos días, mi vida" acompañados de un abrazo, lo has sentido.

Has sonreído, la has abrazado, besado y acariciado hasta que te has dado cuenta de que no te importaría, para nada, despertarte cada día con ella.

diumenge, 21 d’agost del 2016

Meu vida

Se sentó en un banco que encontró justo delante del panel de Llegadas de la estación, miró el reloj en su muñeca izquierda que marcaba las diez y veinte de la mañana. Diez minutos, pensó.

Se pasaba la mano por el pelo y movía la pierna nerviosamente, se miraba de arriba abajo, comprovando cada dos por tres que le gustaba lo que llevaba puesto, y no aguantaba la mirada fija en ningún sitio por más de treinta segundos.

Volvió a mirar el panel y vió el nombre de Madrid el primero de la lista. Empezó a salir gente de una de las puertas y se levantó del banco, mirando entre la gente, buscándola. Hasta que la vió.

Con su melena castaña suelta, sus ojitos cansados de haber madrugado y su sonrisa, esa que tantas veces la había estremecido. Iba andando, buscándola igual que ella, hasta que se encontraron con la mirada. Y todo se paró. La gente a su alrededor desapareció, dejandolas a ellas dos en la estación. Empezaron a andar, incluso correr, hacia la otra.

Y al abrazarse...Cuantas veces había soñado despierta cono ese momento. La abrazó por la cintura y la levantó dando un par de vueltas por la inercia. Agarrándola bien fuerte, para que nunca se fuera de su lado. Cuando la dejó en el suelo se miraron a los ojos, juntaron sus frentes y sonrieron. Por fin.

La cogió de las caderas y la besó...Demasiadas veces había soñado despierta con ese momento. Ese en que sus labios se rozaban, se acariciaban, se amaban. Ese en que juraba que nunca la iba a dejar escapar. Ese que gritaba te quiero por todos sus poros. Ese en que prometía hacerla feliz cada día y estar a su lado.

Se separó unos centímetros sonriendo, igual que ella y volvieron a juntar sus frentes. No se lo creían, pensaban que en cualquier momento iban a despertar y volverían a sus respectibas camas para darse cuenta que había sido otro de sus sueños.

Pero al abrir los ojos y verse la una delante de la otra se dieron cuenta de que no. Que esto era real e iba para largo.

-Te quiero, mi amor.- le dijo en su oreja al volver a abrazarla.

-T'estimo, amor meu.- le contestó ella.